"Los niños aprenden de sus padres cómo construir una historia: con un principio, un desarrollo y un final", asegura Fivush. El psicólogo señala que ese proceso de memoria autobiográfica puede ser fomentado por la familia al indagar en los detalles que rodean un hecho vivido por el niño. Si una madre anima a sus hijos a que recuerden cosas, les ayudará en su habilidad como narradores, dice Fivush. "A los cuatro años los niños aprenden que hay distintos puntos de vista y pueden comprender que varias personas vivan una situación de forma diferente. Por ejemplo, a alguien le asustaron los animales del circo, pero a otra persona le encantaron". La habilidad de contrastar opiniones ayuda al niño a guardar un hecho en su memoria y es entonces, según los psicólogos, cuando se conservan los detalles que luego de adultos se suelen recordar. Otra capacidad que madura en tomo a los cuatro años es la habilidad para percibir la estructura de los sucesos, más de lo que un adulto haría, destacando las cosas más sobresalientes. Extrañamente, ver algo en una foto a menudo o discutir sobre algo con otros no es determinante para recordarlo mejor. Incluso a corto plazo o en un repaso posterior a la propia vida. Hablar de algo con un niño muy pequeño puede incluso interferir en lo que se está almacenando en su memoria, de acuerdo con los hallazgos de Neisser. En un estudio entre colegiales en los que sus recuerdos fueron comparados con los de sus padres, Neisser encontró que aquellos sucesos ocurridos durante los primeros cuatro años de la vida que habían sido guardados como reliquias familiares o de los que había fotos fueron recordados menos que otros sin ningún tipo de testimonio. Enlace Original
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